sábado, 15 de febrero de 2014

EL CIGARRILLO EN EL TANGO

Fumar cigarrillos de tabaco es una adicción que no podía estar ausente en las letras de tango.
Los relatos referidos a los encuentros de una pareja en una confitería, en un cabaret, o los juegos de naipes en los boliches, están siempre acompañados por los cigarrillos. A pesar de la frecuencia de las situaciones que se comparten con el cigarrillo, no son muchos los tangos que se han encargado de destacarlo.
El tango “Fumando espero”, de Félix Garza y Juan Masanas, nos cuenta la voluptuosidad de fumar en compañía del ser amado cuando dice: “Fumar es un placer / genial, sensual… / Fumando espero / al hombre que yo quiero / tras los cristales / de alegres ventanales. / Y mientras fumo, / mi vida no consumo, / porque flotando el humo / me suelo adormecer…”.
Las volutas del humo se asocian a las evocaciones melancólicas de la pareja que ya no está, recordando épocas más felices, más logradas. Es buena la descripción que hacen Manuel Romero y Manuel Jovés en el clásico “Nubes de humo”: “Fume, compadre,/ fume y charlemos;/y mientras fuma recordemos,/ que como el humo del cigarrillo / ya se nos va la juventud. / Fume, compadre, / fume y recuerde; / que yo también recordaré./ Con el alma la quería, / y un negro día / la abandoné”.
Para muchos, fumar era sinónimo de respirar, es decir que el cigarrillo, era un compañero infaltable al que era casi imposible renunciar. Es muy gráfica la descripción que Manuel Romero y Enrique Delfino nos cuentan en “Aquél tapado de armiño”: “¡Cuantas veces tiritando / los dos juntos, a la vidriera, / me decías suspirando: / -Ay, mi amor, si vos pudieras…!/ Y yo , con mil sacrificios, / te lo pude al fin comprar: / mangué amigos, ví usureros / y estuve un mes sin fumar…”.
La descripción que hace el malevo, al comparar su vida con un pucho de cigarrillo, es otra de las repetidas manifestaciones de las sintéticas descripciones de la vida del suburbio. José González Castillo y Sebastián Piana nos dejaron “Sobre el pucho”, tango que fuera prohibido por la censura, al considerar que su título era lunfardo y deformaba el idioma, cuando en realidad era de origen quichua: “Un callejón de Pompeya / y un farolito plateando el fango / y allí un malevo que fuma, / y un organito moliendo un tango;/ y al son de aquella milonga, / más que su vida mistonga,/ meditando, aquel malevo / recordó la canción de su dolor./….Tango querido / que ya pa’siempre pasó; / como pucho consumió / las delicias de mi vida / que hoy cenizas sólo son”.
La voz de la conciencia, recordando las amarguras producidas al ser amado, escuchando reproches y llantos, son evocados a través de las figuras que dibuja el humo del cigarrillo, como muy bien lo describen José María Contursi y Armando Pontier en “Tabaco”: “Más, / muchísimo más, / me aturdo al saberte / tan cerca y tan distante…/ y mientras fumo / forma el humo tu figura / y en el aroma / del tabaco, tu fragancia / me conversa de distancias, / de tu olvido y mi locura…”.
El cigarrillo y el tango, han constituido una dupla inseparable, característica de aquel Buenos Aires que se fue.


Parte de la campaña de Tangoterapia con sistema Tangobica es eliminar las adicciones que solian plagar al Tango de los inicios. El ideal es que eliminen esta adicción y en especial las chicas jovenes ya q


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