lunes, 22 de julio de 2013

EL TANGO EN GRANADA

Introducción
Desde la antropología se ha estudiado en abundancia la estructura, el origen, el sentido simbólico, etc., de danzas típicamente tribales o rituales, propias de pequeños grupos; o bien se ha realizado aproximaciones a danzas comunitarias de tradiciones centenarias.
Sin embargo, el estudio de bailes estrictamente urbanos (entre los que el tango es uno de los mayores y mejores exponentes) y practicados necesariamente en pareja, se ha venido orientando en mayor medida desde perspectivas diferentes (el estudio de la técnica desde la motricidad o el arte, el de su historia desde la historiografía, el de su música desde la musicología...).
El tango es ante todo una danza nacida en determinados lugares muy concretos, lugares fluviales (es decir, los variados márgenes del Río de la Plata; el tango es tan argentino como uruguayo; o, mejor dicho, es tan de Buenos Aires como de Montevideo; se ha hablado del tango como de un "archipiélago de ciudades de países distintos cuya capital es Buenos Aires" (1)). Nacida también en contextos históricos muy determinados, con variables peculiares. Ha adquirido sin embargo -y es muy probable que esto se deba precisamente a tal especificidad- una indiscutible proyección en continentes muy distintos del que la vio nacer; asimismo ha desarrollado un estilo musical propio altamente complejo, con múltiples implicaciones y derivaciones. Posee una historia, más que larga, interesante y variopinta.
En Granada, hoy, año 2003 y bien lejos del Río de la Plata, existe una importante afición a este baile-música-vivencia, relevante no tanto por su número de afectos cuanto por la pasión y la intensidad con que éstos se han entregado a él. Nos resultó interesante desde el principio realizar una aproximación concreta, un pequeño estudio de caso, a la representación que posee hoy el tango en Granada. Por un lado nos hallamos con los hechos objetivos de que en esta pequeña ciudad se celebra, desde el año 1989, un Festival Internacional de Tango, reconocido como uno de los más prestigiosos del mundo, y de que asimismo aquí se convocó la II Cumbre Mundial del Tango en 1993 (2) ("Desde Granada el tango convoca ciudades").
La vida y el interés que el tango suscita en Granada quedan patentes en este tipo de eventos; es obvio que no significa lo mismo que Berlín o París lleven adelante un Festival Internacional de Tango que el hecho de que lo haga aquella ciudad (3). Pero nuestras aspiraciones investigadoras no han sido tan ambiciosas como lo sería la pretensión de realizar una crónica detallada del tango en Granada o una historia de sus precursores, de su génesis o de su evolución (queden este tipo de interrogantes como indagaciones potenciales futuras). Nos hemos centrado, pues, en la experiencia concreta del aquí y ahora de los bailarines, hombres y mujeres, que cada martes dan vida y sentido al tango en Granada, y que en última instancia posibilitan que esta danza haya adquirido, a través de los años, la corporeidad y la personalidad de las que hoy goza en este lugar.
La danza del tango, como eminentemente urbana que es, ha de desarrollarse en un determinado "local" (que puede ser al aire libre, incluso, como en los "conventillos" (4) porteños de sus comienzos). En Granada este lugar se llama La Tertulia, un bar con intensa vida cultural, fundado en 1980 por Horacio Rébora -argentino, por supuesto- y donde se imparte clases y se baila tango los martes por la noche.
Existe hoy otro lugar donde se baila tango en esta ciudad, un local llamado El Continental, que también ofrece clases y milongas los jueves, pero nos hemos centrado en la vivencia de la milonga en La Tertulia, ya que este bar y esta milonga se hallan directamente vinculadas con el Festival de Tango y, en general, con la vida, la génesis y el impulso del tango en Granada.
Los objetivos de nuestro estudio pasaban por indagar qué buscan concretamente las personas que se aproximan al tango en La Tertulia de Granada, qué pueden hablar y vivir ellos en torno al tango; es decir, la utilidad y la funcionalidad que encuentran en el baile y las motivaciones que les animan. Pretendíamos analizar los componentes emotivos experienciales y, en función de ello, valorar las diferencias sociodemográficas entre las personas bailarinas de tango. Nos interesaba también el análisis del contexto físico y relacional donde se desarrolla el baile y el tipo de relaciones que se establece entre los bailarines y las bailarinas..
Para esto, los parámetros y las variables (operativizadas) que nos propusimos emplear fueron los siguientes:
- el estudio de la distancia interactiva habitual entre géneros y cómo se ve alterada o transgredida en el baile del tango;
- el estudio del vestuario, maquillaje y calzado (modos de embellecimiento, especialmente en la mujer);
- reguladores de conducta como tipos de saludo, despedidas, etc.;
- el estudio de la conducta visual;
- el estudio del paralenguaje;
- la percepción sensitiva del entorno;
- la conducta táctil;
- el análisis de gestos en contextos y situaciones pertinentes;
- el registro de variables sociodemográficas como el sexo, el estatus, la edad, etc.

Práctica metodológica
La metodología (técnicas de obtención de datos y medios o instrumentos necesarios) que nos propusimos emplear en nuestro proyecto inicial fue la siguiente:
- realización de entrevistas personales (semiestructuradas) a distintos informantes, registradas mediante grabadora. Para ello, creación de un protocolo de entrevista;
- empleo de un diario de campo cronológico -que comenzaría el día 4 de marzo, con la primera observación- y un diario de campo temático, ambos interrelacionados como es evidente;
- observación participante, de la que se iría dando cuenta mediante los distintos diarios y notas de campo;
- análisis textual-simbólico de letras de tango (en relación con tópicos tangueros y categorías simbólicas implícitas que pudiera hallar en determinadas letras);
- toma de fotografías de milongas, clases, etc.;
- búsqueda documental (también en Internet).
Para llevar a cabo las observaciones elaboramos un cronograma en torno a los tres meses destinados a la observación, a saber, marzo, abril y mayo. Se dedicaría unas dos o tres horas aproximadamente los martes a la observación en La Tertulia; también, hasta finales de abril, durante los sábados se realizaría observación participante en un curso de tango (clases) de tres horas de duración por cada sesión (de cinco a ocho de la tarde, cada sábado; yo tomaba clases también como bailarina).
Aleatoriamente, se acudiría asimismo los jueves a El Continental (a partir de las nueve de la noche) y al Festival Internacional de Tango de Granada, celebrado entre los días 19 a 23 de marzo.
Hasta ahora hemos expuesto con detalle la metodología propuesta en un principio; naturalmente, la práctica del trabajo de campo en su conjunto ha ido modificando por necesidad determinados términos de aquella propuesta, haciéndola de un lado más realista y, de otro, más fructífera.
Sobre el registro de la información hemos de reseñar que, finalmente, no se empleó la grabadora como se propuso en un principio; los motivos para que el registro se haya llevado a cabo mediante notas manuales son los siguientes:
- imposibilidad física de grabar con claridad en un local como La Tertulia, un bar donde hay música -tango, de hecho-, ruido de ambiente, conversaciones cruzadas... Podría haberse logrado esa claridad mediante el uso de un micrófono, pero no creímos conveniente esto por la siguiente razón que aduciremos;
- inconveniencia o impertinencia de hacer uso de una grabadora (con lo que de "formal" implica, inevitablemente, para muchas personas no acostumbradas a que las graben) en un contexto eminentemente lúdico y distendido como es el de la milonga. Pronto aprehendí que los informantes con quienes trababa contacto solían ponerse algo rígidos con el tema de ser grabados, incluso con la idea de realizar una entrevista demasiado formal. Por esta razón igualmente la entrevista semiestructurada fue desarrollada solamente con unos cuantos informantes clave; tampoco creí oportuno solicitar de ellos un día y un lugar distintos de los martes en La Tertulia para llevar a cabo la entrevista, ya que se prestaron a colaborar dentro del mismo local y algunos ni siquiera viven en la ciudad (han de desplazarse para venir aquí, etc.).
Sobre la técnica de las conversaciones abiertas, que no fue propuesta en un principio, he de decir que ha constituido una de las grandes fuentes de información para mí. Ha consistido precisamente en conversaciones abiertas mínimamente dirigidas por mí, con distintos informantes y en consonancia con ese ambiente lúdico y distendido al que me refería. Se trataba simplemente de hablar, comentar con distintas personas la historia "tanguera" de cada cual; hemos podido conversar con y acceder así a personas de distintos sexos, edades, profesiones, estatus, etc.
Este es un ejemplo notorio de cómo las condiciones específicas del campo, de cada contexto y experiencia concretos, varían enormemente de la predicción ideal a la realidad, y cómo ésta misma ayuda al investigador a reformular los términos de su trabajo, ya sean metodológicos, ya sean incluso de contenido. Opino, pues, que si bien las condiciones reales pueden en ocasiones presentar problemas en la búsqueda de información, en muchos casos constituyen más bien ayudas orientativas para el que busca. En mi caso he agradecido toparme con los términos exactos de la realidad de las milongas en La Tertulia, porque eso me ha ayudado a precisar el cariz de mis propios interrogantes y técnicas metodológicas.
Así, las conversaciones abiertas e informales con las distintas personas bailarinas insertadas en el contexto mismo de la milonga, donde no presentaba mis preguntas de un modo formal, han resultado tan informativas como las entrevistas semiestructuradas propiamente dichas.
La observación participante se realizó en las fechas previstas, con excepción de eventualidades causadas por días festivos o problemas personales (algún martes, jueves o sábado he estado enferma o fuera de Granada) y se ha reflejado en las notas de campo, en la generación de redes de información (por ejemplo, en el caso de las entrevistas realizadas a las dos parejas de informantes clave el día 6 de mayo, sucedió que en un principio habíamos concertado la cita sólo con uno de los dos matrimonios, pero son amigos entre sí y se lo comunicaron, de modo que finalmente pude contar con cuatro personas cargadas de información y experiencias en lugar de con dos), etc.
Me he aproximado al análisis (textual) de múltiples letras de tango, hallando diversos modos de interpretación en distintos libros. Finalmente desarrollé algo más ampliamente el análisis de tres tangos concretos ("El Choclo", "La Cumparsita" y "Por una cabeza"), porque pienso que condensan en buena medida gran parte de los tópicos fundamentales del tango. Se especificará en su momento.
Por último, sobre la toma de fotografías hemos de decir que en un principio proyecté hacerlo yo misma durante alguna de las sesiones de observación; de este modo podría incidir en los aspectos que juzgara más pertinentes: posturas, zapatos, gestos, el local mismo... Pero hubimos de solventar una eventualidad: mi cámara se estropeó, y utilizar otra cámara prestada tampoco resultaba conveniente -porque hemos de reconocer mis escasas dotes fotográficas-. De modo que, ya que descubrí que había grandes y entusiastas fotógrafos de las milongas entre los informantes, decidí pedirles fotos a ellos. Simplemente constituyen un recurso informativo más para el lector, que podrá contemplar en el apéndice algunas imágenes interesantes sobre milongas, pasos coreográficos, zapatos de tango o la misma Tertulia.
En la bibliografía puede consultarse la lista de libros, páginas web y catálogos que hemos empleado para documentar y orientar parte de nuestra investigación.
Se ha de destacar que los mismos informantes han resultado de gran ayuda en este aspecto, ya que algunos de los libros más interesantes para nosotros han sido precisamente editados por La Tertulia y nos han sido facilitados por Horacio Rébora.
Mencionamos también la colaboración de otra de las informantes clave, que por cuenta propia extrajo de Internet la página web entera sobre "Los grandes del gotan" (5) y me la regaló, constituyendo esta información prácticamente otro libro más.

Resultados
[Nota previa: nos vemos obligados a resumir mucho debido a las limitaciones espaciales; de modo que no expondremos aquí con detalle el estudio y el registro general de los informantes (ni siquiera de los estudiados con mayor profundidad) que se llevó a cabo durante el trabajo de campo y que se refleja en el informe final completo del mismo. Nos conformamos con exponer resultados descriptivos y su comentario, sin más especificidad sobre las "fuentes" humanas de los datos.]

- Sobre el desarrollo de las milongas de los martes: "descripción densa"
Los sucesos habituales observados los martes en La Tertulia comienzan en torno a las ocho y media de la tarde, con las clases impartidas por la pareja de profesores. Estas clases tienen dos turnos; el segundo de ellos se inicia sobre las nueve y media y está orientado a bailarines con un nivel más alto.
La asistencia a estas clases es muy variada; podemos hallar parejas eventuales, desde muy jóvenes a hasta muy maduras, que han decidido tomar unas clases esporádicas; encontramos también con bastante frecuencia jóvenes extranjeros que estudian en Granada (durante medio curso académico, un curso entero o incluso más tiempo como sucedió con uno de nuestros informantes, llegado de Francia desde el año pasado y que decidió quedarse) y que muestran un interés variable sobre esta danza.
Como los profesores nos informaron durante la entrevista, lo más habitual es que se acerquen al tango las personas por este orden: primero, mujeres, que son además las que muestran unos mayores entusiasmo y entrega por el baile (según ellos esto puede observarse en cualquier otra danza de salón); segundo, parejas de hombre y mujer (en muchos casos el primero persuadido por la segunda; en otros casos, ambos por afición o pasión común hacia la danza); en tercer lugar, y muy a lo lejos, hombres solos.
Aproximadamente a partir de las diez y media o las once de la noche se dan por finalizadas las clases y la "pista" queda abierta a los distintos bailarines que han ido llegando. Entrecomillamos la palabra "pista" porque, en efecto, el espacio donde se baila el tango en La Tertulia no es en realidad una pista; este local, como dijimos, constituye un bar-café además de una milonga improvisada los martes, de modo que hay mesas, sillas y personas que, sea martes o no, acuden simplemente a pasar un rato sin buscar el tango exclusivamente. De modo que el lugar donde se baila es un espacio donde se ha apartado, momentáneamente, algunas de las sillas y mesas de sus sitios habituales en el mismo bar.
Este detalle posee más relevancia de la aparente en un principio, porque convierte la "milonga" de La Tertulia en un fenómeno peculiar dentro del contexto general del tango. Varios de los informantes, que han vivido la experiencia de la milonga en otros lugares del mundo, contrastan una y otra vivencia y llegan a afirmar que "lo que se hace aquí no es milonga, sino más bien sólo clases". En efecto, en Buenos Aires o en Berlín existe multitud de milongas variadas a diario -o casi a diario- en locales específicamente destinados a la danza y con un espacio extenso para los bailarines. La "pista" de La Tertulia constituye, pues, unapista improvisada; a mí me interesó sin embargo desde el principio ese elemento impuro de la milonga "de acá", esa hibridación de los tangueros en un lugar que no desempeña sólo una función y donde ellos pueden coexistir con no-tangueros. Un local donde sólo, siempre y exclusivamente se acude a bailar tango no admite elementos extraños o diferentes; resulta, a mi modo de ver, más elitista. La milonga de La Tertulia, con su pista improvisada que se hace y se deshace cada martes en ese sencillo y rápido gesto de trasladar un mobiliario, se torna un lugar más cálido y versátil o, como dijera Horacio Rébora acerca del tango, un "territorio de acogida".
Como decíamos, al terminar las clases comienza el "tango libre"; los bailarines empiezan a llegar disgregados, como gotas de agua; algunos en pareja, otros en pequeños grupos, otros solos. Suelen sentarse y pedir alguna consumición para empezar; hemos observado que las consumiciones más habituales son los refrescos (con y sin alcohol, aunque no suele consumirse una gran cantidad de bebidas alcohólicas destiladas) y el vino tinto. No puede afirmarse, pues, que el consumo de alcohol desempeñe un papel muy importante en el contexto donde hemos trabajado.
Así, los participantes de la milonga van llegando, sentándose, pidiendo algo que beber y departiendo entre ellos. Se observa por lo general cordialidad y proximidad entre los más habituales y también de ellos hacia visitantes eventuales, generalmente extranjeros; la relación con los profesores es asimismo fluida y denota contacto frecuente y cierta confianza.
Se saludan con besos y apretones de manos; los menos conocidos, simplemente mediante un saludo verbal. Resulta evidente además, por su trato, que las simpatías entre todos ellos no nos simétricas o similares; esto sucede en cualquier ámbito de encuentro social y/o comunitario.
Los encargados de "pinchar" el tango son el camarero y los profesores; el equipo musical está ubicado detrás de la barra. En cuanto al tipo de tango que se escucha normalmente en La Tertulia, podemos decir que suele ser un tango bastante tradicional y primordialmente instrumental, es decir, no cantado. Los motivos para esto son varios y, en mi opinión, principalmente enraízan en la facilidad para el baile: la dimensión pedagógica de las milongas en La Tertulia -de hecho, van precedidas por clases- es evidente, y resulta más sencillo bailar un tango rítmico y cadencioso que algunas de las modalidades más contemporáneas de tango (más arrítmicas o apresuradas) o un tango cantado (6) que, aunque tradicional, siempre resulta menos uniforme.
Uno de los primeros gestos que observamos en ellos y ellas cuando se sientan es el de quitarse los zapatos de calle y calzarse los de baile. La cuestión de los zapatos de tango posee una relevancia fundamental: es propio de las milongas de todo el mundo -y en la de acá, por supuesto- que los bailarines no dancen con el mismo calzado que traen de la calle aunque éste pueda ser, en realidad y en la práctica, lo suficientemente adecuado para la danza. Todo el mundo (las mujeres prácticamente siempre y los hombres en menor medida, aunque es muy frecuente que lo hagan) concede importancia a ese elemento del calzado que, desde luego, no es cuestión baladí en el tango, donde resulta clave poder resbalar bien en los giros pero no demasiado (la suela es habitualmente de piel vuelta y ha de tratarse con una resina especial; el interior, de otro tipo de piel, suele cuidarse también con polvos de talco), donde el factor del glamour posee asimismo una importancia clave (de ahí la estilizada línea de los tacones de aguja de la mujer, que pueden tener una medida variable pero que no son cortos en ningún caso; y también el tacón cubano del hombre, asemejado en algunos casos al zapato masculino de flamenco) y donde, una vez que se ha aprendido a bailar "bien calzado", resulta casi imposible hacerlo de otro modo.
Las razones para el cambio de zapatos poseen asimismo motivos prácticos evidentes: traer el zapato de baile puesto de la calle lo destrozaría en poco tiempo, ya que constituye un calzado especialmente delicado y destinado a una pista de danza; la misma pista, además, puede ser de tal tipo que para su correcta conservación sea conveniente el uso del calzado de danza especial. Éste último motivo no es aplicable a la pista de La Tertulia, como podemos colegir, de la que a veces los bailarines más duchos se quejan porque "está pegajosa" (claro: es un bar) o "no resbala bien" o "resbala demasiado".
Todo esto refleja, indudablemente a mi juicio, la importancia que se le concede al baile y el cuidado que desarrollan los bailarines en torno a él. El cambio de zapatos en la milonga que hemos observado posee, pues, elementos casi ritualísticos, si seguimos la definición de Cassirer del rito como "un acto socialmente repetido de significación extraempírica"; de algún modo creo que hallamos esto en el proceso descrito: no es materialmente imposible bailar tango calzado de otro modo (de hecho, en los orígenes del tango naturalmente el zapato para bailar era otro y existían cortes o modelos especiales para éste), pero los bailarines consiguen con su práctica que esto casi llegue a ser así.
También fue observado el elemento de la vestimenta, donde hemos encontrado variaciones. Lo más frecuente es que la gente vista con cierta elegancia; muchas mujeres, incluso, de modo especialmente elegante, con un cuidado especial en el maquillaje y el peinado; esto no depende de la edad, ya que podemos hallar la misma atención en el tocado tanto en mujeres maduras como en chicas muy jóvenes. Por otro lado, tampoco es extraño encontrar gente vestida de modo más informal, con vaqueros y blusas o camisas, por ejemplo. Eso sí, los zapatos son intocables; hemos observado muchas veces mujeres bailando tango con tejanos y con zapatos especiales de baile.
Poco a poco, a veces muy rápido desde que llegan -si vienen muy deseosos de bailar, lo cual suele suceder-, a veces más pausadamente, empiezan a bailar. Existe la costumbre generalizada de que sea el hombre el que "invita" a bailar a la mujer, pero en la milonga observada esto, cuando se ha mantenido, ha adoptado eminentemente la forma de un gesto "sobrante" gracioso, entre galante y tácito, ya que se da por hecho que existe la confianza y la aceptación suficientes como para que sea la mujer la que, en cualquier momento, tome la iniciativa. De facto, en la práctica se ha observado como muy frecuente que ambos sexos indistintamente inviten a bailar, al menos entre personas que se conocen y gozan de cierta confianza. Es cierto que, cuando son desconocidos, existe el consenso tácito de que invite primero el hombre, si bien esto se verifica escasamente en nuestra milonga porque la mayor parte de la gente se conoce desde hace tiempo.
Cuando una pareja sale a bailar se asume que estará junta al menos durante dos o tres tangos; se considera descortés cesar de bailar sin un motivo al primer tango, tanto por parte de él como de ella. Es habitual que los bailarines "respeten" esta suerte de norma consensuada no escrita y, como nos contaron varios de los informantes, esto es común a las milongas de todo el mundo.
Finalmente, entre la una y las dos de la mañana, a veces más tarde, los tangueros empiezan a notar el cansancio y, recordando sensatamente que hay que madrugar al día siguiente, van retirándose como llegaron: dispersos, algunos solos, otros en pequeños grupos o parejas. Los últimos que queden llevan a cabo junto a Marta y Manuel, los profesores -que suelen aguardar hasta el final- la tarea de reconvertir otra vez la famosa "pista" en espacio de bar habitual, reubicando sillas y mesas en sus lugares propios. El camarero cambia el disco de tango por otro tipo de música, tal vez flamenco, tal vez jazz -porque todo suene familiar (7)- y los "habitantes" del tango granadino se despiden hasta la semana que viene y la siguiente milonga.

- Sobre actitudes y motivaciones
Las motivaciones principales que existen entre nuestros informantes para bailar tango son las siguientes:
- La curiosidad, como primer factor iniciático. Parece que el tango ejerce una especial fascinación en muchas personas sobre otras modalidades de baile de salón; como nos contaban los profesores, a menudo se aproximan al tango personas muy distintas, a veces procedentes de otras experiencias de baile y considerando el tango como el último y más retador escalón, otras veces sin ningún tipo de experiencia dancística pero con una imagen quimérica del tango como epítome del glamour, la pasión desatada y la expresión corporal arrebatada.
- La diversión y el entretenimiento, operando entonces el tango como un tipo de ocio análogo a otros; muchos informantes describían la milonga de los martes como ese rato de "desahogo" entre semana que viene bien para librarse del estrés y el intenso quehacer diario.
-La milonga como espacio festivo, ritual -frente a la "desacralización" del baile moderno y de la vida en el mundo capitalista en general-, en el que la gente puede desarrollar facetas como el elemento de la elegancia y la coquetería personales; una pareja de informantes clave me hablaba del gusto por el arreglo personal, por agradar a la pareja, por renovar el cortejo, por usar determinados ropajes elegantes pero con matices de tipo más provocativo o atrevido -no susceptibles de emplearse ni en la vida cotidiana ni en otros espacios comunicativos de celebración más normativos, como una boda-.
- El baile en sí como técnica; esto se ha observado en muchos de los informantes. En algunos casos, incluso, se revelaba como una conducta cuasi-elitista a la hora de escoger pareja para bailar; en otros casos, en los que era una pareja sentimental la que se interesaba de este modo por el tango, se podía observar una conducta "exclusivista" a la hora de bailar, es decir, que las dos personas no bailaban con nadie más (ciertamente, la destreza que esta danza requiere conduce fácilmente a que pueda ser incómodo o escasamente satisfactorio el baile entre personas con niveles distintos de dominio). Pero no podemos afirmar que exista una correlación absoluta entre ese interés específico por el baile y aquella suerte de elitismo artístico, ya que también hallamos casos de bailarines de este tipo muy abiertos y prestos siempre a variar de pareja.
Las personas que nos han hablado más enfáticamente del tango como una vivencia y una experiencia intensa -como reto técnico y humano- suelen incluso distinguir entre los que bailan "para pasar el rato" y los que "lo sienten"; parecen establecer un ineluctable hiato entre estos dos tipos, concediendo al segundo una autenticidad y una pureza de las que carece el primero. Asimismo es interesante recordar algo que afirmaba un informante sobre la belleza femenina en el tango, y si ésta era o no un "reclamo" para las peticiones de danza en la milonga: la belleza está en el baile es decir, una mujer es bella en el tango si su danza es hermosa.
- El baile como vivencia específica de pareja, potenciándose entonces valores como la unión entre las dos personas, el factor romántico y la mezcla de la técnica y la comunicación entre los dos miembros de la pareja; algunas parejas de informantes hablaban de la evolución que sucede cuando se avanza mano a mano, entre dos cónyuges o amantes, en el mundo del tango, explicando que primero suele acontecer una obsesión por el dominio de una técnica coreográfica cada vez más compleja, deviniendo esto más tarde en un actitud de mayor espiritualidad en la que la importancia radica más bien en la madurez del estilo y la cadencia personales. Así, llegaban a afirmar que puede conocerse si alguien baila bien viendo solamente cómo realiza un paso muy sencillo; también mencionaron un dicho tanguero que sostiene que "una figura se aprende en diez minutos; el paso básico, en diez años".
Es interesante destacar un comentario de algunos informantes acerca de la unión de pareja en la danza; dado que conlleva tal grado de intensidad, puede tanto unir comodesunir, si no existe fluidez; una de las informantes afirmaba haber contemplado discusiones e incluso, con el tiempo, rupturas a causa de los sucesivos conflictos originados por falta de acompasamiento en el baile -y el contraste con un posible acompasamiento mayor con otras personas distintas de la pareja-.
- El baile como vía de entablar relaciones amistosas, donde prima la comunicación, la camaradería entre ambos sexos, etc.
- La milonga como espacio de "ligue", para conocer gente en general y entablar relaciones sentimentales-amorosas en particular.
Hemos de matizar que, según la observación desarrollada, lo más habitual es que las motivaciones constituyan una mezcla de todos los tipos descritos; pocos buscan, de forma declarada e indiscutible, uno sólo de estos puntos, si bien sí resulta fácil dirimir cuáles inciden más en cada persona y en cada momento. Efectivamente, también el factor del momento posee una relevancia crucial: la milonga, como experiencia viva que es, ofrece a cada uno lo que en cada momento específico de su vida busca o precisa con mayor intensidad; la misma persona, que es móvil, fluida y compleja en su estructura por definición, puede buscar cosas distintas en instantes diferentes de su vida, como los mismos informantes han expresado.

- Sobre el tango como reto humano y corporal: un lenguaje
Queremos dedicar un apartado especial a esta cuestión del tango como lenguaje y de lo que hemos venido llamando la "semántica del abrazo", porque ha resultado un tópico enfático en los comentarios de nuestros informantes y posee, pues, una relevancia que no podemos pasar por alto.
Ante mi pregunta sobre cómo habían podido cambiar, con las transformaciones temporales, humanas, simbólicas, etc, las funciones que en la actualidad desempeña el tango como danza, Marta -la profesora- respondió contundente que no habían cambiado: "la misma función: la comunicación".
El elemento comunicacional del tango es ineludible, en un sentido además específicamente lingüístico: el tango es vivido como un lenguaje corporal compartido por los bailarines de cualquier lugar del mundo; los distintos estilos de baile son, acaso, los distintosacentos pero no son lenguas diferentes. El tango adopta así la forma, pues, de un espacio simbólico y significativo común.
Pero tiene además otra peculiaridad, y es que el momento preciso de la comunicación "corporal" sucede exclusivamente entre dos personas; los informantes han incidido mucho en el aspecto de la mayor o menor fluidez que puede existir dependiendo de la persona con quien se baile (y no con respecto a su nivel coreográfico, por así decir). Afirmaban además que constituye un reto técnico y humano, como indicábamos al principio, acompasarse en un tango con otro cuerpo; el tango es un baile que implica por necesidad dos agentes, y también por necesidad sólo dos agentes, es decir: bailar con alguien.
Algunos de los informantes enfatizaron la cuestión del primer momento de silencio antes de comenzar el movimiento del baile en un tango; se dice que el tango es la única danza donde se bailan los silencios: sucede que, en un momento dado -y al principio, cuando suenan los primeros compases de la pieza- la pareja puede detenerse en el movimiento y aguardar el siguiente instante de inspiración, simplemente mientras se balancean juntos con levedad como acunados por la música. Como se puede comprobar, lasespecificidades del tango como danza y vivencia son múltiples y variadas.
Es evidente que la transgresión de la distancia interactiva habitual entre géneros que sucede en el tango resulta absoluta, casi violenta para un observador ajeno. Mucho se ha hablado y escrito de la proximidad que sucede durante la danza, de los sudores mezclados, de los alientos compartidos. Marta -la profesora- suele mencionar a veces algo que su abuela aseveraba sobre cómo se debía bailar tango: "sin que cupiese un rayito de luz entre los cuerpos".
Como Juan Carlos Rodríguez escribe (1982), el "agarrado" o abrazo del tango constituye en sus orígenes simbólicos una "auténtica mímesis de coito (hoy tan significativamente en desuso: el coito es tan fácil de realizar que resulta ridículo mimetizarlo: de ahí el baile suelto y su autonarcisismo, etc.)". Naturalmente que el sentido que hoy declaran darle al abrazo nuestros informantes es otro distinto; parece haber quedado la forma, variando el contenido o la intención junto a la variación de los usos sociales. Sin embargo, no debemos olvidar que una de nuestras informantes (parte de una de las parejas Alfa y Beta; recordemos la dimensión romántica que aportaban al baile) definió literalmente el tango "como hacer el amor".

- Sobre el tango como "territorio de acogida"; las colonias internacionale del tango
Ya hemos mencionado más arriba la dimensión lingüística del tango; ella hace, naturalmente, que sirva de instrumento comunicativo entre sus hablantes incluso cuando estos poseen lenguajes "verbales

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